miércoles, 30 de enero de 2008

VENDRA LA MUERTE Y TENDRA TUS OJOS.


Césare Pavese nació el 9 de septiembre de 1908 en Santo Stefano Belbo (Cúneo) el último de cinco hijos de una familia pequeño burguesa de origen campesino. Cuando sólo tenía seis años, murió su padre. Cursó estudios en Turín. Vivió como traductor con Moby Dick de Melville y La risa negra de Sherwood Andersoni. Tradujo también a Gertrude Stein, John Steinbeck y Ernest Hemingway, y comenzó a escribir crítica literaria.

Fue uno de los fundadores de la editorial Einaudi, en la que permaneció como editor hasta su muerte.

En 1934 lo nombraron director de la revista "Cultura", donde publicó sus escritos antifascistas.

En mayo de 1935 fue detenido por motivos políticos y confinado en Brancaleone Calabro.

En 1936 regresó a Turín y publicó el libro de poesía Lavorare stanca. Durante la guerra, se refugió con su hermana en Serralunga y, cuando aquélla terminó, se inscribió en el Partido Comunista Italiano.

La narrativa de Pavese trata, por lo general, acerca de conflictos de la vida contemporánea, entre ellos la búsqueda de la propia identidad, como en La luna y las fogatas (1950), considerada como su mejor novela.

Víctima de repetidas crisis depresivas, Césare Pavese se suicidó el 27 de agosto de 1950 en un hotel de Turín, ingiriendo doce sobres de somníferos.


Y acá uno de sus últimos poemas, referidos a la muerte una muerte que finalmente encontró.

VENDRA LA MUERTE Y TENDRA TUS OJOS.

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
esta muerte que nos acompaña
desde el alba a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un absurdo defecto. Tus ojos
serán una palabra inútil,
un grito callado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola te inclinas
ante el espejo. Oh, amada esperanza,
aquel día sabremos, también,
que eres la vida y eres la nada.
Para todos tiene la muerte una mirada.

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio,
como ver en el espejo
asomar un rostro muerto,
como escuchar un labio ya cerrado.
Mudos, descenderemos al abismo.


Césare Pavese.

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