Cuenta la historia que en el año 1266 el emperador de China Kublai Khan, envió emisarios a Japón conminándolos a someterse al imperio mongol o en su defecto ser invadidos, los japoneses se negaron y se organizaron para la defensa.
En 1274 una flota zarpó desembarcando en una de las islas en Tsushima lugar donde a principios del siglo XX el Japón derrotaría a Rusia en uno de los desastres mas notables de la historia naval, donde se fue a pique casi toda la Flota Rusa del Báltico.
Los mongoles desembarcaron pero fueron rechazados por los japoneses.
En la primavera de 1281 otra flota de Kublai Khan zarpó nuevamente hacia la gran invasión, se había logrado reunir la mayor Armada jamás vista en la historia hasta la fecha, se embarcaron hacia la invasión a mas de 200.000 hombres entre chinos mongoles y coreanos, el mayor ejército en la historia hasta esa fecha que surcaba los mares, el tema es que para engrosar el número de naves recurrieron a requisar cuanta embarcación encontraron, sobre todo embarcaciones fluviales, y no aptas para navegar en mar abierto, todo servía para subir a los miles de soldados junto a sus caballos.
Las crónicas nos cuentan que eran tantas las naves que estas cubrían todo el horizonte, las primeras avanzadas lograron desembarcar en diversos puntos pero los valientes samurais esperaban en silencio al grueso de las naves, con el agua hasta las rodillas, sabiendo el final que les aguardaba.
En 1274 una flota zarpó desembarcando en una de las islas en Tsushima lugar donde a principios del siglo XX el Japón derrotaría a Rusia en uno de los desastres mas notables de la historia naval, donde se fue a pique casi toda la Flota Rusa del Báltico.
Los mongoles desembarcaron pero fueron rechazados por los japoneses.
En la primavera de 1281 otra flota de Kublai Khan zarpó nuevamente hacia la gran invasión, se había logrado reunir la mayor Armada jamás vista en la historia hasta la fecha, se embarcaron hacia la invasión a mas de 200.000 hombres entre chinos mongoles y coreanos, el mayor ejército en la historia hasta esa fecha que surcaba los mares, el tema es que para engrosar el número de naves recurrieron a requisar cuanta embarcación encontraron, sobre todo embarcaciones fluviales, y no aptas para navegar en mar abierto, todo servía para subir a los miles de soldados junto a sus caballos.
Las crónicas nos cuentan que eran tantas las naves que estas cubrían todo el horizonte, las primeras avanzadas lograron desembarcar en diversos puntos pero los valientes samurais esperaban en silencio al grueso de las naves, con el agua hasta las rodillas, sabiendo el final que les aguardaba.
En ese mismo momento el Emperador acudió al templo shintoista y cometió sepuku (suicidio), cuenta la leyenda que justo en ese instante se desató un fuerte viento que posteriormente se convirtió en tifón y comenzó a azotar todo el Mar del Japón.
La tormenta duró dos días y destruyó por completo a la flota combinada de mongoles y coreanos, los que habían desembarcado fueron masacrados y los sobrevivientes esclavizados, durante días la marea traía a cientos de cadáveres y animales muertos, el Japón se había salvado y lo había logrado un viento divino, Kamikaze (viento divino) los había salvado providencialmente, ese fue el comienzo de la leyenda del Kamikaze.

Casi 700 años después el Japón se vería nuevamente amenazado, en el mes de octubre de 1944 cuando comprendieron que la guerra estaba irremediablemente perdida se formaron cuatro escuadrillas con nombres poéticos, conformada por 24 pilotos voluntarios, estos fueron los primeros, y así comenzaron los nuevos kamikaze a sacrificarse por Japón, largas filas de voluntarios se unieron a estos, ya casi no quedaban pilotos con experiencia, pero lo que les faltaba en experiencia les sobraba en valor.
Los kamikaze se presentaban como voluntarios para realizar dichas misiones, por que era una manera más que honorable de morir. Este tipo de mentalidad estaba muy arraigada en el pensamiento y dimensión moral japonesa, puesto que el sentido del honor y la obediencia formaban parte del concepto del deber o "Giri" (literalmente, la "Recta Razón").
El "Giri" o deber era uno de los principios del pensamiento japonés, herencia de las ideas morales predominantes en el Japón durante la Edad Media y que son recogidas en el código de conducta de los guerreros samurai, el "Bushido".
La invocación del nombre del Kamikaze remontaba a los japoneses la vieja tradición Shinto, los milenarios mitos inmortales mas antiguos que la misma historia, y recordaba que cada hombre podía convertirse en un "Kami", un dios viviente por la muerte voluntaria como sacrificio, y hacer realidad el viejo concepto que "la vida que es más que la vida".
Antes de partir a su último destino, el piloto kamikaze era agasajado con un pote con una bola de arroz, una copa de Sake o té por parte de sus superiores, la ceremonia era muy simbólica y emotiva, adornaban su uniforme haikus compuestos por ellos mismos.
El piloto además se enfundaba con un cinto blanco el "hashimaki", la banda de tela blanca que rodea la cabeza con el disco rojo del Sol Naciente impreso junto a algunas palabras caligrafiadas con pincel y tinta negra, al modo como antaño lo usaron los samurai antes de entrar en batalla y portaba si su rango lo permitía una Katana o espada del samurai. El avión estaba cargado con explosivos y bombas de alto impacto.
En los botones de sus uniformes, los aviadores poetas llevaban impresas flores de cerezo de tres pétalos, conforme al sentido del viejo haiku del poeta Karumatu:
oooooooooooo"La flor por excelencia es la del cerezo,
ooooooooooooel hombre perfecto es el caballero"
Sus enemigos nunca los comprendieron, no eran locos suicidas como equivocadamente pensaban esos bárbaros, en realidad eran gerreros poetas.
En total se inmolaron unos 2.500 jóvenes y valientes pilotos por su patria, el lema era "un avión un buque", en realidad fue mayor el daño psicológico que causó en los yanquis que el efectivamente logrado, se calcula que tuvieron un 30% de efectividad, realmente alto en comparación con las pocas horas de entrenamiento que tenían.
Es de destacar que sobraban los voluntarios, el problema fue la falta de aviones, evidentemente el valor y el espíritu de sacrificio siempre ha sido un capital único con el que ha contado el Japón a lo largo de su existencia.
El hecho de ver a un solitario avión dirigiéndose en picada contra un portaaviones colmado de ametralladoras antiaéreas pesadas y que no se detenía era un espectáculo de heroísmo casi inigualable.
Pero lo que nunca comprendieron los bárbaros norteamericanos era que estaban presenciando un desgarrador y poético hanami, por cuanto los aviones que descendían del cielo no eran otra cosa que flores de cerezo o sakura que caían en la plenitud de su vida.
Esta vez pese al enorme esfuerzo, todo el valor invertido no pudo impedir el final inevitable de la guerra, eso si el Japón tuvo que soportar dos hecatombes nucleares en Hiroshima y Nagasaki, (objetivos absolutamente civiles y elegidos especialmente dado que ambas se encontraban prácticamente intactas), durante el mes de agosto de 1945, cuando el final ya era cuestión de poco tiempo.
Pero claro los bárbaros habían invertido mucho en la creación de una nueva arma atómica, había que ponerla a prueba con seres humanos, y habría menos remordimientos si se utilizaba en japoneses (total ellos eran amarillos), además había que enviarle una clara señal a la Unión Soviética del nuevo poder con el cual contaba USA.
Finalmente el Emperador ese mismo mes pidió la paz.
Poéticamente se ha comparado al kamikaze con una abeja, que vuela en torno a la rueda amarilla de un crisantemo de verano (el crisantemo, es la flor simbólica del Imperio Japonés), la abeja se arroja a lo más profundo del crisantemo donde la abeja y la flor son fortalecidos, además la abeja al atacar en defensa de los suyos siempre muere.
Desde hace más de dos mil seiscientos años, el Trono del Crisantemo (una línea jamás interrumpida) es de naturaleza divina: ellos son descendientes directos de la diosa del Sol Amaterasu-omi-Kami, los "Tennos" los emperadores japoneses son las primeras manifestaciones vivientes de los dioses invisibles creadores en los orígenes de las islas del Japón.
No son los representantes de los dioses, para los japoneses ellos son dioses...
(Gracias Malena por no rendirte a la enfermedad y seguir enviando fotos, para la mayor gloria de este blog.)