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miércoles, 25 de marzo de 2009

DAMNATIO MEMORIAE



Una de las instituciones mas interesantes que existieron en Roma fue la "Damnatio Memorae", quizás una de las mas graves condenas que podía existir sobre una persona, literalmente era condenar la memoria, destruir el recuerdo de una persona.

Si bien fue muy utilizada en Roma ya en Egipto existió y aunque nadie lo diga seguramente en Sumeria también existió, porque yo sostengo que todo ya se había hecho en Sumeria, y también con algunos matices en la actualidad se la utiliza, y quizás sin saber el término nosotros también lo ponemos en la práctica.

En Roma era una condena judicial accesoria, que consistía en la muerte de la memoria de un individuo considerado enemigo del Estado Romano, del "SPQR", una vez condenado su recuerdo todo, pero todo vestigio de su existencia debía ser borrado, hasta la prohibición de utilizar su nombre a posteriori por los integrantes de su familia.

La destrucción de la memoria llevaba por sobre todo, si había sido un Emperador la destrucción de toda escultura, toda transcripción de su nombre, absolutamente todo, y como había un alto porcentaje de la población que no sabía leer ni escribir, borrar la memoria era mas fácil por medio de la destrucción de estatuas, bustos e imágenes.

Un claro ejemplo en Egipto fue el Faraón Amenhotep IV que intentó instaurar el culto monoteísta terminando con el dios Amón y comenzando a adorar a Atón el dios Sol, inclusive se construye una ciudad dedicada al nuevo dios Tell el-Amarna. Todas las imágenes del dios Amón fueron destruidas, pero el pueblo lo siguió adorando pese a la damnatio memorae, finalmente muere este faraón y lo sucede Tutankamón el que sigue el culto a Atón pero al poco tiempo se volvió al antiguo culto al dios Amón.

Con el tiempo todo vestigio de Amenhotep IV fue borrado y el culto a Atón también como así fue abandonada la ciudad de Tell el-Amarna.

Domiciano fue uno de los emperadores condenado una vez muerto a la damnatio memorae, una ejemplo se encuentra en España prueba gráfica de la damnatio decretada contra Domiciano en un pedestal del surtidor de una fuente con la inscripción "aqua nova/domitiana/augusta" que conmemora la realización de un segundo acueducto en Córdoba: la segunda línea, con el nombre de Domiciano, fue borrada.

El problemita secundario era que las monedas acuñadas con su efigie estaban circulando por todo el imperio.

Así como Domiciano, también tuvieron la misma condena Calígula, Nerón, Heliogábalo y otros mas.

Hoy en día si bien el ejemplo mas sencillo es el cambio del nombre de las calles y avenidas, por lo menos en la Argentina, hace unos años durante la dictadura militar que derrocó al Presidente Juan D. Perón en 1955 se intentó borrar su memoria, se había prohibido transcribir el nombre Juan Domingo Perón, de ahí que los diarios cuando lo mencionaban transcribían la frase "el innombrable" o "El Tirano Prófugo", así también su partido político y su marcha, pero la realidad demostró lo vano que resultan todos estos intentos.

La historia nos ha demostrado de lo superfluo e inútil de este instituto, ya que si tenemos el listado de los muchos emperadores condenados a la damnatio memorae eso nos demuestra que muy bien no funcionó.

Pero hay otra variante de la damnatio memorae y es el ya desde antiguo artilugio de tergiversar la historia, es decir no se borra la memoria pero se cambian los hechos para confundir, y generalmente esto lo hacen los que ganan, y cambiando el pasado con el transcurso del tiempo la gente tiende a confundirse, aunque luego del paso de los siglos puede ser que las cosas vuelvan a su lugar.

Este transmutar de los hechos es peor y siniestro, hay muchos próceres verdaderos traidores a la patria que los libros de historia nos los describen como honorables prohombres de la patria, mientras que en la realidad fueron unos "Infames traidores a la Patria" como castiga nuestra Constitución Nacional a los que cometen determinados actos como por ejemplo aliarse con potencias extranjeras para luchar contra los propios argentinos.

Todos nosotros de alguna manera en nuestro fuero interno, en mas de una vez hemos tenido que recurrir al imprescindible hecho de borrar de nuestras vidas a determinadas personas, recurriendo a la destrucción todo tipo de recuerdos como ser cartas, fotos, mails, registros de chats, sms o números de teléfono, desprendernos de libros, regalos, recuerdos materiales, para intentar no tener tan presente a esa persona, pero ya ha sabiendas que nunca vamos a poder borrarlas definitivamente de nuestra memoria.

El problema radica en que la realidad de los hechos nos demuestra que por mas que se intente borrar de la memoria a determinada persona es imposible.

Hay otra categoría de personas que no cuesta mucho decretarles la "damnatio memorae", personas que como no nos unió un lazo sentimental, sino que eran conocidos si es fácil de un plumazo borrarlos en forma rotunda, con esa gente si tengo un buen entrenamiento.

Yo por mas que intente olvidar a alguien que en algún momento quise siempre la tengo presente, quizás el secreto radique en atemperar su recuerdo y acostumbrarse a convivir con esa presencia, con ese fantasma.

Cada lugar recorrido, cada bar, calle, plaza donde vivimos momentos importantes se convierten en lugares donde mejor no volver a pasar por el dolor que causa el recuerdo, lugares verdaderamente vedados, por lo menos por un tiempo, pero por mas que lo intentemos, un lugar, una película, un libro, una melodía, un perfume siempre nos va a volver a traer el eco de su recuerdo.

La película "Eterno resplandor de una mente sin recuerdos" intenta recrear una solución a ese pesado bagaje que en la vida vamos llevando, quizás el secreto consista en luego de un tiempo, acostumbrarnos a su presencia a convivir con nuestros fantasmas, y lograr que si bien nunca se van a ir por lo menos que nos lastime lo menos posible, logrando de a poco atemperarlo y ponerlo en el lugar que corresponde.

Lo malo de esto es que ya Buenos Aires me está empezando a quedar chica, son mas los lugares con recuerdos que las zonas sin memoria.

Creo que ya es hora de irme.


(Dedicado a Elizabeth)