
La leyenda de la Fuente de la Eterna Juventud es curiosamente una de los mitos que mas se repiten a lo largo de la historia.
Se la puede encontrar en todas las culturas, ya Herodoto hablaba de los eritreos que según él vivían mas de 120 años y que lograban ser tan longevos gracias a que se bañaban en una fuente de agua densa como el aceite, es mas aún en libros santos como el al Qur´an (Corán), o en los Evangelios mas precisamente en el de San Juan se hace referencia a un estanque en Betheseda donde Jesús obra uno de sus milagros.
Los musulmanes llevaron esta historia a al-Andalus (España) y posteriormente fueron los españoles los que la buscaron en América.
La búsqueda de la inmortalidad el elixir de la vida son comunes en toda Europa.
Fueron también los tainos y los araucos de Juana (actual Cuba) e Hispañola (actual Rep. Dominicana y Haití), los que relataron a los españoles esta historia, ellos contaban de un cacique el cual ante el temor de la vejez se aventuró en una expedición por mar en la búsqueda de una isla a la que llamaban Bimini, como no volvió jamás atribuían a el hecho incontrastable que había llegado a esa mítica isla, (dichosos de sus súbditos que se sacaron a un pelotudo así, nosotros hemos visto irse en helicóptero a un inoperante, y no se fue a Bimini precisamente).
El explorador Don Juan Ponce de León se aventuró a la actual Florida en busca de la Tierra Prometida y no la encontró jamás.
El Maestro Jorge Luis Borges en su cuento El Inmortal nos relata la búsqueda afanosa de un Tribuno romano que buscando el río de la eterna juventud y la Ciudad de los Inmortales, como luego de muchas peripecias llega a beber de un arroyo inmundo y obtiene la inmortalidad y que a través de los siglos sigue recorriendo la tierra, hasta que una vez al abrevar en otro río en Eritrea siente que su mano se ha lacerado con un espino y al brotar la sangre comprende que ha vuelto a ser mortal.
Hay un párrafo que siempe me impresionó y es el que dice: "Ser inmortal es baladí; menos el hombre todas las criaturas lo son, pues ignoran la muerte, lo divino lo terrible, lo incomprensible es saberse inmortal. He notado que, pese a las religiones, esa convicción es rarísima israelitas, cristianos y musulmanes profesan la inmortalidad pero la veneración que tributan al primer siglo prueba que sólo creen en él, ya que destinan todos los demás en número infinito a premiarlo o a castigarlo".
En lo personal por la única razón que me podría seducir la idea de la eternidad sería si existiera la posibilidad del conocimiento acumulable, siempre y cuando este pudiera ser ilimitado, lo que si estoy seguro es que con el paso de los siglos uno percibiría que todas las actitudes humanas se repiten sin cesar, que no son tantas las variables, y todo comenzaría a volverse insoportablemente previsible y aburrido, por cuanto las conductas humanas estarían reducidas a un número finito las posibilidades, Borges hablaba de solo 64 variables como hexagramas tiene el I Ching, claro (suerte que existen las mujeres con su carga de imprevisibilidad)
Es mas no me seduce pensar en vivir muchos años, preferiría morir encontrándome en plenitud de mis capacidades físicas y mental, no llegar a un final lastimoso y de renunciamientos.
Tanta tecnología y avances de la ciencia han tergiversado la propia naturaleza humana, la expectativa de vida está llegando a niveles antinaturales, sin ir mas lejos en la antigüedad en general las mujeres morían antes de la menopausia, y los hombres en sus plenos cabales.
Cuando oimos que en la antigüedad se daba un lugar de suma importancia a los ancianos por su experiencia y nos hablan que en vez de internar a los ancianos en geriátricos ellos tenían un sitial de consulta como el Consejo de los Ancianos, donde se los consultaba por su experiencia, como en el caso del Senado en Roma, en realidad estamos hablando de personas de aproximadamente cincuenta años o un poco mas.
Estoy convencido que si el tirbunal de ancianos hubiera estado compuesto por ancianos de noventa años sus consejos hubieran sido tan pelotudos y sus desvarios sin sentido hubieran llevado al fin de Roma, claro Alzheimer era desconocido, y quizás por el nombre lo atribuirían a un temible caudillo germano.
En el Japón se hace una referencia de lo efímero y bello de la vida al compararla con la flor del cerezo, el sakura, que cae del árbol antes de marchitarse en su máximo esplendor, los griegos también pensaban así vivir, haciendo un culto de ella pero no sobrevivir.
Vendría a ser como si somos portadores desde el nacimiento de un envase con fecha de vencimiento y que mas nos vale extinguir todo su contenido antes que se venza el mismo, antes que se comience a descomponer y corromper.
Una vez leí que buscamos tanto la eternidad y no sabemos que hacer con un domingo por la tarde.
Yo se cual es la fuente que persigo y busco, mis labios ya han bebido en ella.
(Dedicado a Laura A. F.)







